La vivienda se sitúa en el edificio Arcade, en la zona universitaria de Valencia. Su distribución previa organizaba el  programa en varias estancias cerradas, sin relación entre la zona de día y el dormitorio. 

El encargo respondía a una necesidad concreta: una vivienda capaz de recibir invitados sin renunciar a la privacidad del  dormitorio. La propuesta resuelve esto mediante un estudio-vestidor situado entre el salón y el dormitorio, que actúa como  pieza de transición. Cerrado mediante correderas a ambos lados, este espacio puede aislar completamente el dormitorio,  dejando el estudio integrado en la zona de día como una estancia más; abierto, permite que todo el recorrido de la vivienda  funcione como un único espacio continuo. 

La estructura de hormigón visto, en pilares y vigas, queda expuesta como parte del acabado interior. El mobiliario en  madera de roble y la cocina en blanco completan la paleta, sobre 60 m² que no necesitan más superficie de la que tienen  para resolver este doble uso.